Luis Robles es donante voluntario desde hace varios años. En 2015, motivado por la posibilidad de ayudar a una persona que necesitara un trasplante, tomó una decisión que con el tiempo terminaría convirtiéndose en un hecho histórico para Tierra del Fuego: se inscribió como donante de médula ósea.
Pasaron los años y aquella inscripción parecía ser simplemente una expresión más de su compromiso con la donación. Sin embargo, un día recibió la noticia que podía cambiar la vida de otra persona: había sido identificado como compatible con un paciente que necesitaba un trasplante de médula ósea.
El dato adquiere una dimensión todavía mayor porque se trataba de un receptor no emparentado. Es decir, Luis no conocía a la persona que recibiría sus células y tampoco existía entre ellos un vínculo familiar. La compatibilidad fue posible gracias al registro de donantes.
De esta manera, Robles se convirtió en el primer donante de médula ósea de Tierra del Fuego destinado a un receptor no emparentado, marcando un precedente para la provincia y poniendo en valor la importancia de la donación voluntaria.
Su historia también refleja la importancia de permanecer en los registros. La inscripción realizada en 2015 no significaba que inmediatamente fuera a convertirse en donante: implicaba estar disponible ante la posibilidad de que, en algún momento, apareciera un paciente compatible.