miércoles 28 de enero de 2026 - Edición Nº589

Sociales | 27 ene 2026

En primera persona

Ojo del Albino: llegar juntas

Arrancamos temprano, con ese frío y algo de lluvia, que solo Ushuaia sabe regalar incluso cuando el día promete sol. Éramos amigas, mochilas cargadas, bastones en mano y una mezcla de ansiedad y entusiasmo que nos acompañó desde el primer paso. El Ojo del Albino no es un trekking más: lo sabíamos antes de empezar, pero lo terminamos de entender camino arriba.


Por: Lucrecia Fruncieri

El sendero se fue cerrando de a poco, obligándonos a concentrarnos en cada paso. Entre raíces, barro y piedra, el bosque nos envolvía con un silencio profundo, apenas interrumpido por alguna risa nerviosa o una frase de aliento. Hubo momentos de cansancio, claro. Paradas largas, respiraciones profundas y miradas cómplices que decían más que cualquier palabra.

Cuando dejamos atrás el bosque y el paisaje se abrió, el esfuerzo empezó a tener sentido. El viento pegaba fuerte y el terreno se volvía más exigente, pero ya nadie pensaba en volver. Subimos juntas, a nuestro ritmo, empujándonos cuando hacía falta y celebrando cada tramo ganado.

Y entonces apareció. El Ojo del Albino, helado, inmenso, perfecto. Nos quedamos en silencio unos segundos, como si hablar fuera romper algo sagrado. El agua quieta, las montañas alrededor y esa sensación de haber llegado hasta ahí con el cuerpo cansado pero el corazón lleno.

Nos sentamos, sacamos fotos, compartimos comida rica y risas. No fue solo llegar al destino; fue el camino, el compañerismo y la certeza de que algunas experiencias se disfrutan más cuando se viven juntas. Volvimos distintas, con las piernas agotadas y la cabeza liviana. El Ojo del Albino quedó ahí arriba, pero algo nuestro se quedó con él.

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